martes, 20 de diciembre de 2011

Manuel José Arce: Artículos navideños



INTRODUCCIÓN

En esta temporada de la Navidad, nadie mejor que un poeta para hacernos sentir y reflexionar sobre la importancia del nacimiento de Cristo, sobre la magia de esta época, hoy signada por el consumismo, que desvirtúa el profundo sentido de la integración familiar, la amistad y la solidaridad. El poeta  Arce nos recuerda que los guatemaltecos somos felices con pequeñas cosas  -un tamal, por ejemplo-  pero en las condiciones de miseria del pueblo guatemalteco esta masa de maíz impregnada de infinitos sabores y olores, se ha tornado un asunto casi imposible.

Habla también, de la manera más agradable posible (pero no por ello contundente y hasta con reclamo) sobre la inconsciencia de los guatemaltecos, muy dados al dispendio de sus pocos recursos. De sus falsas alegrías (los cohetes), sus hipocresías, de sus ocultas arrogancias disfrazadas de humildad y las chabacanerías, como una forma de trascender el dolor y sus frustraciones. Deléitese, lector amigo, con estos exquisitos artículos navideños (pero no artículos de abarrotería) del más insigne de los poetas guatemaltecos. Luciano Castro Barillas


                                  UN TRAGO POR EL CARPINTERO


No conmemoro hoy el nacimiento del “Rey de Reyes”. No me gustan las monarquías ni el carácter monárquico que durante muchos siglos, le dio la Iglesia a la religión. Hasta el título mismo que está entre comillas lo usó tanto tiempo Haile Selassie. No conmemoro tampoco el nacimiento del fundador de un tremendo estado político, aliado de poderosos, socio de grandes comerciantes, justificador de guerras, crímenes y opresiones. No conmemoro en esta Navidad la deformada imagen, elaborada durante siglos, justificada por las enjundias teológicas, utilizada para fincar poderíos transitorios.

Conmemoro, con mi tamal popular de medianoche, con mi paquete de cuetes y mi largo trago de guaro áspero, el nacimiento de un carpintero, de un obrero martirizado, de un cotidiano hombre del pueblo.

Héroe, sí. Mártir, sí. Y como él, tantos más, en similares circunstancias. ¿Me pregunto por qué, cuando se le pone entre símbolos que le son tan ajenos, se ha tratado de olvidar obviamente muchas de sus verdaderas circunstancias, se ha retorcido la lógica, se ha tergiversado tanto su verdad hasta que el pueblo, de donde nace, no puede reconocerla sino a través de la magia? ¡Aquel carpintero en un trono, disfrazado de rey medieval, con facultades de dictador todopoderoso, rodeado de oro, boato, lujo!

Tan diferente la realidad: un obrero, amigo de pescadores, nacido en un pequeño país subdesarrollado, oprimido por el más poderoso imperialismo de entonces. Un obrero joven que se identifica con su pueblo, que lo organiza y que, por ello mismo, es aprehendido, torturado y sacrificado. ¿Qué tiene que ver con esto la silla gestatoria y la Capilla Sextina y las custodias de oro y pedrería? Sí, todo esto último es muy hermoso. Rafael, Miguel Angel, Boticelli, Da Vinci… Todo ello es maravilloso. Enhorabuena ese Estado mecenas que motivó y rescató el arte y la cultura de tantos siglos. Ha sido un invaluable servicio a la humanidad. Y mi amor y mi respeto para toda esa obra sublime.

Pero, no se me pida que, con mi tamal, mi trago y mis cuetes, con mi corazón de hombre nacido en Guatemala y en este siglo, conmemore a un Emperador Supremo, Monarca Absoluto, Sumo Dictador. Mi saludo solidario y fraterno para aquel carpintero popular y rebelde, que se irguió hasta la muerte frente al imperio invasor, frente a los fariseos explotadores, frente a un pueblo adormecido por el hambre y el terror.



                                               EL AGUINALDO


Como un pellizco al balance anual de las ganancias de las empresas, además del salario, el trabajador recibe en diciembre una suma adicional de dinero: el aguinaldo. Curiosa palabrita ésta, cuya acepción usual equivale a “regalo”. ¡”Regalo” una mínima porción de las ganancias que el propio trabajador ha producido!

Pero, en fin, no es de eso lo que pretendo platicar hoy, sino el sentido que ese sobresueldo debe tener para quien lo recibe.

El aguinaldo  -dentro de nuestro sistema-  no tiene el carácter de retribución por el trabajo realizado. Para eso está el sueldo, el salario, el jornal.

El aguinaldo no es propiedad personal del trabajador que, se supone, no ha dado su fuerza de trabajo a cambio de él. El aguinaldo pertenecer a la familia del trabajador.

Es el reconocimiento de que esa familia tiene derecho a algo diferente, a un goce especial al finalizar el año. Algo que va más allá de todo lo demás a lo que cada ciudadano tiene derecho: alimentación, salud, vivienda, ropa, estudios, transporte, etc., etc.

El aguinaldo representa el derecho de las familias a sonreír en Navidad y en Año Nuevo. El derecho que todo niño tiene a un juguete. El derecho que toda esposa tiene a un regalo. El derecho que toda familia tiene a una noche de amorosas sorpresas, de alegría y abundancia.

Pensando en estas cosas, me pregunto quién disfruta del aguinaldo  -en muchos casos, en dolorosamente muchos casos-  en nuestro país. Llegará la Navidad con cargamento de alegría para muchos hogares, es cierto. Por esa noche nos olvidaremos de la penuria habitual, de la carestía de la vida, de la injusticia institucionalizada, del futuro inseguro y nublado. Nos olvidaremos de todo eso en una evasión que hasta necesario resulta para seguir viviendo. Y seremos felices, un poco felices quizá, pero al fin felices.

Pero en cuántos hogares ocurrirá lo contrario. Cuántos cantineros recibirán a manos llenas los aguinaldos que no harán feliz a nadie. En cuántas familias la Navidad llegará con alas negras, con la preocupación por el jefe del hogar, por el esposo, por el padre, por el hermano mayor que está en la cárcel, en el hospital, en el cementerio, en el manicomio o, en el mejor de los casos, en plena “furia”; que ha quemado en su hoguera desesperada de alcohol aquellos centavos que pertenecían a la familia, al juguete del niño, al regalo de la compañera, a la cena alegre y amable de todos.

Cuántas mujeres hay que tiemblan de miedo cuando se acerca la fecha del día de pago porque, sobre la pobreza cotidiana, el temor por la “fuerza” que el marido “agarra” con el salario es un agravante. Cuántas más estarán por estos días maldiciendo el aguinaldo que en vez de risa llevó penas, que en vez de modesto lujo llevó más deudas y pobreza, que en vez de alegría llevó llanto a la familia.

Y, como una carga más sobre el balance anual de las desgracias, en esos pobres hogares cae también el aguinaldo…







Publicado por: Marvin Najarro
CT, USA.

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